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miércoles, 29 de abril de 2015

De retos e ilusiones




Llega un momento en la vida en el que hay que tomar una decisión sobre lo que quieres ser o conseguir, y sobre lo que estas dispuesto a sacrificar por conseguir aquello que quieres. Un momento donde hay que empezar a cambiar de tu vocabulario palabras como: me gustaría, ojala pudiera, algún día, por: quiero hacerlo, puedo hacerlo, voy a conseguirlo y lo hice.


En muchas ocasiones no se trata de un cambio radical, ni de una decisión crucial. Habitualmente se trata de pequeñas decisiones o acciones, o un conjunto de todas ellas, que cambian o voltean nuestro día a día y nos hacen ver nuestro mundo de forma distinta. Cambios que nos hacen sentir, vivir y relacionarnos como nunca nos hubiéramos imaginado. Situaciones llenas de emociones que pueden hacerte llorar en momentos de alegría, o situaciones en las que descubres que tú limite de sacrificio y el de sufrimiento es mayor de lo que jamas hubieras podido imaginar. Ilusiones o retos que te dan una motivación extra a tú vida cotidiana, que permiten convertir los días normales en algo importante, porque forman parte de una meta. En mi caso eso me lo produce el deporte.

Amo el deporte como complemento a mi vida. No entiendo mi vida sin deporte, pero tampoco entiendo el deporte sino esta enmarcado en mi vida. Gracias a él he encontrado un equilibrio perfecto entre lo que un día pensé que quería llegar a ser y lo que he descubierto que soy. Afortunadamente la realidad a superado a la ficción. 
En ese equilibrio he descubierto que quiero saber cual es mi limite como deportista popular y averiguar hasta donde puedo llegar, pero el descubrimiento principal es que quiero dejar de ver como otros son protagonista, para empezar a ser yo el protagonista de tantos momentos soñados. Pero también porque creo que la vida se disfruta más si te propones retos he intentas superarlos. Cuando hablo de metas o retos no solo me refiero a deportivos, sino a todo en general. Metas o retos que nos hagan mejorar y ser mejores para nosotros y para la gente que nos quiere y nos rodea.



Pero como todo en la vida las cosas tienen un proceso o etapas que hay que recorrer y que nadie debería de saltarse. Porque el problema de ir saltándonos fases, es que podemos caer en el error de creer que la única recompensa está al final, en la meta. Pero no, la recompensa es disfrutar el camino que nos lleva hasta conseguir nuestros deseos, y crecer como personas en ese maravilloso proceso. Un camino lleno de situaciones que nos muestra nuestros limites, defectos y virtudes. En una palabra, nos enseña más sobre nosotros mismos.

Porque sino somos capaces de hacer del camino una ventura que vivir, disfrutar y sufrir, puede ocurrir que cuando lleguemos al final del camino no resulte tan satisfactorio como lo habíamos imaginado, o peor aun, si creemos que el final es lo único de todo ese proceso, seguramente alguno de los tantos obstáculos que nos encontremos por el camino, pueden llegar a ser lo bastante grande como para hacernos desistir de ese final deseado y llegar convertir un proceso de aprendizaje y disfrute, en algo frustrante que termine por arruinar todos nuestros propósitos.

Por último no me gustaría terminar sin mencionar lo más importante de cualquier propósito. El compartirlo. ¿Con quien lo compartes?, con los que son importantes en tú vida y los principales responsable de que tú puedas hacer lo que haces. En mi caso mi paciente mujer junto con mis dos hijos, familiares y amigos. En definitiva tú entorno. Porque sin la paciencia y la ayuda de ellos todo sería más complicado o imposible. O peor aun, a lo mejor no tendría sentido.